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Conservación y manipulación de las vacunas

Abril 2012

 


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Introducción

 

Las vacunas son productos biológicos que requieren, al igual que otros medicamentos, una conservación en nevera entre +2 ºC y +8 ºC con una temperatura media recomendable de +5 ºC.

Una conservación inadecuada puede reducir la inmunogenicidad de las vacunas o llegar a inactivarlas totalmente y, por consiguiente, puede dejar a los individuos vacunados como susceptibles a padecer la enfermedad. Por esta razón, la adecuada conservación de las vacunas es de vital importancia. La conservación correcta es la base sobre la que se sustentan las buenas prácticas de vacunación.

La cadena del frío se puede definir como el conjunto de eslabones estructurales de tipo logístico (neveras) que garantizan que durante todo el proceso, desde la fabricación hasta la administración, las vacunas se mantengan dentro del rango de temperatura establecido. Para que la cadena del frío se mantenga sin interrupciones, además de los recursos materiales, es necesario contar con los recursos humanos (personal) con formación adecuada que garantice que las vacunas llegan en óptimas condiciones a las personas que han de recibirlas.

Este documento hace referencia a los aspectos fundamentales del almacenamiento, conservación y transporte de vacunas a nivel de los centros de vacunaciones de atención primaria. Los centros de distribución de vacunas u otros dispositivos mayores deben tener una infraestructura y medidas de seguridad diferentes a las que se observan en los centros de vacunación de atención primaria.


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Recursos materiales y humanos

 

Neveras

 Los centros donde se almacenen y administren vacunas deberán disponer de neveras adecuadas al volumen medio de vacunas que consuman en un período de tiempo. El volumen de la nevera deberá calcularse en función de la frecuencia de reposición de vacunas y deberá tener en cuenta también situaciones puntuales de mayor consumo, como ocurre durante la campaña anual de vacunación antigripal. 

Las neveras deberán ser, preferentemente, modelos específicos para conservación de vacunas y no frigoríficos comerciales de uso doméstico. En el caso que se utilicen neveras domésticas, éstas deberán tener el congelador separado (neveras tipo combi). No son aceptables los frigoríficos que incluyen el congelador en la misma cámara en la que se almacenan las vacunas.

Las neveras específicas para conservar vacunas u otros productos biológicos tienen como característica esencial el mantenimiento de una temperatura homogénea en todos los estantes de la nevera. Pueden incluir también un dispositivo de registro continuo de la temperatura, con sus correspondientes alarmas para avisar de desviaciones del rango programado. En caso de no estar equipada con este dispositivo de lectura continuada deberán contar con un termómetro de máxima y mínima.

Se recomienda la colocación de botellas de agua en los estantes inferiores de la nevera para que ayuden a mantener la temperatura interior estable durante más tiempo, como medida de seguridad en caso de fallo eléctrico.

 

Neveras portátiles

 Cuando se transporten pequeñas cantidades de vacunas se utilizarán neveras portátiles o bolsas isotérmicas, con sus correspondientes acumuladores de frío, adecuados al volumen y a la duración del transporte. Los acumuladores de frío deben acondicionarse previamente en un congelador convencional (-20 ºC) para que mantengan la temperatura durante el transporte y deben separarse sus paredes de las vacunas, mediante papel o cartón, para evitar el contacto. Para transportes de corta duración deben colocarse preferiblemente en la parte superior de la nevera. En transportes de más de 12-24 horas han de colocarse también acumuladores en las paredes laterales. 

 

Dispositivos para monitorización de la temperatura

 Todas las neveras en las que se almacenen vacunas deberán disponer de un dispositivo de medición de la temperatura. Este dispositivo puede ser un termómetro de medición continua, que consiste en un reloj que registra la temperatura de forma continuada en soporte papel habitualmente y que sirve como registro de información, o bien un termómetro de máxima y mínima que registra únicamente el rango alcanzado en un período de tiempo. Este tipo de termómetro o el sensor en caso de dispositivos electrónicos, deberá colocarse en el centro de la nevera, evitando el contacto con sus paredes.

La mayoría de las neveras de los centros de vacunación en atención primaria están equipadas con termómetros de máxima y de mínima. En estos casos, la lectura deberá ser diaria (preferentemente a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde) y los valores se anotarán en una hoja de registro específico para cada nevera. Una vez realizada la lectura deberá dejarse preparado el dispositivo para iniciar nuevas mediciones, mediante su reseteado manual o por medio de un botón. 

 

Personal responsable del almacenamiento, conservación y transporte de vacunas

 En todo centro sanitario en el que se administren vacunas deberá haber un responsable de la conservación y almacenamiento de las mismas. Las funciones de dicho responsable son velar y exigir el cumplimiento de los principios básicos para una adecuada conservación y almacenamiento de las vacunas, a saber:

  • Disponer de información escrita sobre los procedimientos que deben cumplirse y las actuaciones en caso de emergencia.
  • Prever las necesidades de vacunas y realizar los correspondientes pedidos.
  • Comprobar que las vacunas se recepcionen y se almacenen adecuadamente.
  • Tomar decisiones (previa consulta con el centro de referencia) en relación a las vacunas potencialmente dañadas por desviaciones de la temperatura.
  • Comprobación diaria de la temperatura de las neveras del centro.
  • Registro de las temperaturas máxima y mínima en todas las neveras que no dispongan de registro automático continuado.
  • Controlar que en las neveras no haya vacunas caducadas (las vacunas pueden utilizarse hasta el último día del mes indicado en la caducidad). 
  • Vigilar que en las neveras no se almacenen productos distintos de las vacunas.
  • Controlar el buen funcionamiento de las neveras.
  • Garantizar que el personal bajo su supervisión este adecuadamente formado.

El responsable puede ser, asimismo, la persona que realiza las anteriores actividades o bien encargar su realización a otros profesionales que cubran todos los turnos y horas de apertura del centro. Es necesario que este personal reciba una formación continuada, que sepa qué medidas debe tomar, tanto en la actividad rutinaria diaria, como frente a situaciones de emergencia. Es fundamental que estén también cubiertos los períodos vacacionales.


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Claves a tener en cuenta para una adecuada conservación de las vacunas

 

  • En las neveras de vacunas deberá mantenerse un orden que facilite la rápida localización de una vacuna. Agrupar las vacunas de un mismo tipo y fabricante. Colocar delante las más cercanas a la caducidad para utilizarlas en primer lugar. 
  • Mantener las vacunas dentro de su embalaje original hasta su utilización.
  • Respetar la capacidad de la nevera. Las vacunas deben estar separadas de las paredes de la nevera aproximadamente 5 cm para que circule el aire en su interior.
  • No colocar vacunas en la puerta de la nevera. No depositar vacunas en la parte más inferior de la nevera (debajo del último estante).
  • No colocar alimentos en neveras en las que se almacenan vacunas.
  • Intentar mantener la temperatura media de la nevera en 5 ºC.
  • Mantener la nevera limpia y en condiciones óptimas de uso. Las juntas de goma de las puertas deben limpiarse y mantenerse en buen estado.


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Interrupción de la cadena del frío

 

La rotura de la cadena del frío puede tener como causa un transporte inadecuado, debido a la utilización de contenedores sin la adecuada refrigeración, o bien por una desviación de temperatura en la nevera de almacenaje por una utilización incorrecta o causada por interrupción del fluido eléctrico. La importancia de este incidente dependerá de la duración del mismo y de la temperatura alcanzada en el interior de la nevera. Para conocer estos datos es esencial disponer de un registro adecuado y continuado de la temperatura en el interior de la nevera.

 

Acciones a tomar ante una interrupción del fluido eléctrico

  • No abrir la nevera para evitar la pérdida del frío, a menos que se abra para trasladar las vacunas a otro frigorífico.
  • Medir la temperatura máxima alcanzada y, si hay medición continua, el tiempo durante el que las vacunas han estado sometidas a esta temperatura.
  • Marcar los envases de las vacunas que han estado expuestas a esta situación.
  • Consultar las tablas de termoestabilidad y/o consultar con los responsables de vacunas del centro de distribución sobre la actitud a seguir con las vacunas involucradas en el incidente.

 

Termoestabilidad de las vacunas

La pérdida de potencia de una vacuna está determinada por el tipo de desviación de la temperatura (congelación o elevación por encima del rango superior), el grado de la misma y su duración. 

Históricamente se ha prestado más atención a la elevación de la temperatura por encima de los 8 ºC (calor) que por debajo de los 0 ºC (congelación). Las vacunas que contienen adyuvantes son especialmente sensibles a la congelación y cuando ocurre, inactiva por completo la vacuna, debiéndose entonces desechar. En cambio, como norma general y a menos que se trate de temperaturas extremas, un aumento de la temperatura produce únicamente una aceleración de la velocidad de degradación, reduciendo el periodo en que puede utilizarse.

A pesar de la importancia que la pérdida de la cadena del frío tiene sobre la termoestabilidad de las vacunas, existe aún un vacío de información sobre este materia. Sería deseable que en los próximos años, fabricantes y autoridades sanitarias (a nivel supranacional) aunaran esfuerzos para proporcionar datos actualizados sobre la termoestabilidad, tanto de las nuevas vacunas como de las ya comercializadas. La información proporcionada por distintas fuentes en relación a la termoestabilidad no siempre es coincidente. En última instancia, cada profesional deberá actuar en función de las indicaciones recibidas de su centro de distribución de vacunas.


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Bibliografía

 

WHO. Immunization, Vaccines and Biologicals. Temperature sensitivity of vaccines. http://www.who.int/immunization/documents/WHO_IVB_06.10/en/index.html (Último acceso 25/03/2012).

Centers for Disease Control and Prevention. Epidemiology and Prevention of Vaccine-Preventable Diseases.Atkinson W, Wolfe S, Hamborsky J, eds. 12th ed. Washington DC: Public Health Foundation, 2011. (Pink Book): Capítulo 5: Vaccine Storage and Handling. http://www.cdc.gov/vaccines/pubs/pinkbook/vac-storage.html y apéndice C: Vaccine Storage and Handling: http://www.cdc.gov/vaccines/pubs/pinkbook/downloads/appendices/appdx-ful... (Último acceso 25/03/2012).

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). General recommendations on immunization: recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices. MMWR 2011;60(RR02): 23-27, http://www.cdc.gov/mmwr/pdf/rr/rr6002.pdf

CDC. Storage and Handling Guide. 2011. http://www.cdc.gov/vaccines/recs/storage/guide/vaccine-storage-handling.pdf (Último acceso 25/03/2012).

Silgado, R, Jimenez MJ, Ferrari JM, Herreros de Tejada A. Desviaciones máximas de las temperaturas permisibles para medicamentos termolábiles. Ars Pharm 2006; 47: 173-183.

 

Texto elaborado por:

Diego van Esso Arbolave. Pediatra. CAP Pare Claret . Institut Català de la Salut. Barcelona

Josep Marès Bermúdez. Pediatra. Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes. Girona