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Mitos y falsas ideas

Julio 2016

1.- Las enfermedades desaparecieron antes de que se introdujeran las vacunas debido a las mejoras higiénicas y sanitarias

Evidentemente, las mejoras en las condiciones higiénicas y sanitarias de un país contribuyen a disminuir la aparición de determinadas enfermedades y a que las personas enfermas puedan recuperar la salud más rápidamente y con menores secuelas.

Sin embargo, hay tres datos que quizás nos ayuden a entender mejor las cosas:

  • Aunque la mayoría de las enfermedades prevenibles se presentan de forma cíclica (años con menos casos y años con más casos), la introducción de la vacunación masiva ha señalado un punto de inflexión en el que disminuyen espectacularmente los casos de enfermedad.
  • Los casos de enfermedades en las que se ha introducido recientemente la vacunación (Haemóphilus influenzae tipo b, meningococo C) han disminuido drásticamente y no podemos pensar que en los últimos años ha cambiado mucho la situación en España.
  • En aquellos países en los que disminuyó la tasa de vacunación de tosferina (como ocurrió en Japón o en Suecia), aumentó alarmantemente el número de casos de tosferina y, lo que es más grave, el número de fallecimientos y secuelas neurológicas por esta enfermedad.

2.- Las vacunas causan efectos indeseables, enfermedades e incluso la muerte

Las vacunas en la actualidad son muy seguras y el número de efectos secundarios de importancia es muy pequeño y, si lo comparamos con el beneficio que producen, podemos decir que este riesgo es desdeñable.

Sirva como ejemplo la vacuna frente a la difteria, el tétanos y la tosferina. La vacunación puede provocar una encefalitis (en la mayor parte de los casos leve) en un niño de cada millón de vacunados. Padecer cualquiera de las tres enfermedades puede ocasionar la muerte en 1 de cada 200 niños y producir una encefalitis (muchas veces grave e invalidante) en uno de cada 1000 niños que la padezcan.

Una de las informaciones más alarmantes para los padres es aquella que, hace unos años, saltó a los medios de comunicación indicando que podía haber una relación entre la vacunación DTP y la muerte súbita del lactante. Estudios serios a largo plazo han demostrado que esta relación era solo una coincidencia en el tiempo (la misma relación que habría con el hecho de que el niño hubiera tomado leche o haber salido a la calle).
España, uno de los países con tasas de vacunación más altas en todo el mundo es, sin embargo, uno de los países con menos casos de síndrome de muerte súbita del lactante.

3.- Algunas vacunas pueden causar autismo y otras enfermedades raras

Algunos grupos de personas que se agrupan bajo la denominación de “Grupos para la Libertad Vacunal” señalan que las vacunas son responsables de las más diversas alteraciones como el autismo infantil, el aumento de casos de cáncer, la leucemia, la esclerosis múltiple, esterilidad, enfermedad de Alzheimer y una larguísima lista de graves enfermedades.

Todas estas afirmaciones se basan en la siguiente premisa: “desde la introducción de los programas de vacunación masiva se diagnostican más casos de todas estas enfermedades”.
Lo único cierto es que no hay ninguna prueba, hoy en día, que relacione la vacunación con estas enfermedades.

Hay que saber que:

  • Muchas de las enfermedades supuestamente relacionadas con la vacunación ya existían antes de aparecer la vacuna.
  • El aumento que se ha producido en la frecuencia de algunas de estas enfermedades ya se había iniciado antes de la vacunación.
  • En muchas ocasiones, no se ha producido un aumento real de la frecuencia sino que simplemente se diagnostican mejor gracias a los avances de la medicina.
  • El que dos cosas ocurran al mismo tiempo, no indica que estén relacionadas. Si así fuera, podríamos hacer responsables a los programas de vacunación de la llegada del hombre a la luna o del cambio climático.
  • Existen otras posibles razones para el aumento de frecuencia de estas enfermedades (entre otros, la supervivencia a más largo plazo de enfermos crónicos, la mayor contaminación con metales pesados, etc.) que podrían ser responsables de estas enfermedades.

4.- Recibir muchas vacunas para distintas enfermedades a la vez, aumenta el riesgo de efectos indeseables y puede sobrecargar el sistema inmunológico

Uno de los argumentos utilizados contra la utilización de las vacunas y, sobre todo, de la aplicación simultánea de varias vacunas es que, al exponer al sistema de defensa del cuerpo (el sistema inmunológico) a tantos antígenos vacunales, puede producirse una respuesta no deseada e, incluso, un mal funcionamiento de este sistema de defensa.

Hace pocos años se realizó un estudio para comprobar el número de antígenos a los que se exponía un niño durante su programa vacunal, encontrando que esta cifra era de 126.
Como muchas otras situaciones, si miramos esta cifra así, sin más, podríamos decir: “es cierto, son muchos estímulos para el sistema de defensa”. Pues bien, cuando un niño tiene un resfriado común se expone al niño a entre 4 y 10 antígenos (¿cuántos resfriados tiene un niño a lo largo de su infancia?). Si padece una laringitis, se expone a entre 25 y 50 antígenos de una vez.

La realidad es que, de forma natural, los niños están expuestos a una elevadísima cantidad de estímulos antigénicos para su sistema de defensa y es precisamente este estímulo el responsable, en parte, de que el sistema defensivo funcione correctamente.

El Instituto de Medicina de los Estados Unidos de Norteamérica, una institución independiente y no gubernamental, declaró ya en 1994 que el número de antígenos contenidos en las vacunas infantiles no parece una carga apreciable para el sistema inmunológico.

5.- Algunas vacunas contienen mercurio, que es tóxico para el sistema nervioso central

Durante mucho tiempo, en la fabricación o conservación de algunas vacunas, se ha utilizado como conservante el timerosal (una sal orgánica que contiene etilmercurio) por sus propiedades antimicrobianas. Sin embargo, desde hace unos años se ha ido reduciendo la cantidad de timerosal utilizado o se ha eliminado completamente, sustituyéndolo por otros compuestos para la conservación y fabricación de aquellas vacunas que antes lo contenían.
Hoy en día, prácticamente ninguna de las vacunas que se utilizan en los calendarios vacunales de las distintas comunidades autónomas españolas, contiene cantidades significativas de esta sustancia.

¿Es tóxico el tiomersal?
No se ha podido demostrar que el tiomersal o timerosal, incluido en las vacunas, interfiera con el desarrollo cerebral del feto o el lactante. Tampoco se ha demostrado una relación con enfermedades, como el autismo, o con el retraso del desarrollo psicomotor.

Si no es tóxico, ¿por qué se ha retirado?
Por un principio de prudencia básico y por la alarma social que se ha creado alrededor de esta sustancia. Aunque las cantidades de mercurio a las que podía estar expuesto un niño español antes de los 14 años de edad por la vacunación serían muy inferiores a las que se consideran tóxicas por los diferentes organismos mundiales, una vez que ha sido posible, se ha considerado oportuna su sustitución por otros compuestos inocuos.