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Es verdad, pero...

Julio 2016

1.- Las enfermedades frente a las que vacunamos, prácticamente han desaparecido de España

Es cierto que, gracias a la vacunación universal, en España ha disminuido, en algunos casos hasta su desaparición, la frecuencia de muchas de las enfermedades frente a las que vacunamos.

Entonces, ¿por qué seguimos vacunando?

Existen tres razones para ello:

  • Estas enfermedades han desaparecido (o casi desaparecido) debido a que, precisamente, España es un país en el que se ha conseguido una cobertura vacunal excelente, superior al 99 % de los niños en muchas comunidades autónomas.
  • Muchas de las enfermedades frente a las que vacunamos en España son todavía frecuentes en muchos otros países del mundo, por lo que tanto los viajeros procedentes de esos países como los españoles que viajan al extranjero podrían introducir la enfermedad de nuevo en nuestro país.
  • Si las personas dejaran de vacunarse, estaríamos indefensos frente a estas enfermedades, pudiendo aparecer brotes o epidemias con cientos o miles de casos. Cuando nos vacunamos estamos protegiéndonos a nosotros mismos y también a aquellas personas que, por no poder ser vacunadas (alergias graves, inmunodeficiencias, enfermedades graves....), están más expuestas y tienen mayor riesgo. Si todos nos vacunamos creamos una barrera de personas inmunes que impiden la circulación del agente infeccioso.

 

2.- La mayor parte de los niños que padecen la enfermedad están vacunados

Evidentemente esto es cierto. Las vacunas no son 100 % efectivas. Si la mayoría de los niños están vacunados, cuando aparezca algún caso, es más probable que se produzca en un niño en el que falló la vacunación. Pero esto es cierto solo si se vacunan la mayoría de los niños. En cuanto baja la cantidad de niños vacunados, todo cambia.

Imagínese un país pequeño con 100 000 de habitantes en el que 98 de cada 100 personas tienen paraguas y dos no. Además de las 98 personas que tienen paraguas, 1 de cada 100 personas lo tiene estropeado. Por último, en este país, las personas que tienen paraguas son muy amables y ofrecen cobijarse a 3 de cada 4 personas que no tienen paraguas. Imagínese que llueve en todo el país. Se mojarán todas las personas que no tienen paraguas y no están cobijadas bajo un paraguas de otra persona (50 personas) y todas las que lo tienen estropeado (98 personas).

Si miramos los datos de forma superficial podemos decir, sin equivocarnos, que en este país imaginario, se moja más gente si tienes paraguas (98) que si no lo tienes (50).
Imaginemos ahora que en este país muchas personas deciden dejar de tener paraguas porque pesa y les han convencido de que la mayor parte de los que se mojan tienen paraguas. En esta nueva situación, solo el 80 de cada 100 personas tienen paraguas y 20 de cada 100 no. El día que llueve se mojan 500 personas que no tienen paraguas y 80 personas de las que sí tienen paraguas.

Las cosas han cambiado, ¿no? Ahora parece que se mojan más los que no tienen paraguas (500) y además el primer día de lluvia se mojaron 148 personas y el segundo 580.

Esta situación es la misma que se produce con las vacunas. Cuando vacunamos a los niños, no solo protegemos al niño que esta vacunándose, sino también estamos impidiendo que el agente que causa la enfermedad esté presente, por lo que protegemos también a aquellas personas no vacunadas o en las que la vacuna no ha resultado eficaz. La diferencia es que, en el caso de la vacunación, el resultado no es mojarse, sino padecer alguna enfermedad que, en ocasiones, produce secuelas graves e incluso la muerte.