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Vacunas, "células de fetos abortados" y otras teorías irracionales

18 junio 2020
Fuente: 
Elaboración propia a partir de varias fuentes

Los movimientos antivacunas, activistas contrarios a las vacunaciones, nacieron con la primera vacuna, la de la viruela de Edward Jenner (1749-1823), hace ya más de 200 años. Desde entonces, su argumentario no ha cambiado sustancialmente. 

En España, el movimiento parece poco relevante numéricamente y apenas estructurado, pero, como en todo el mundo, su actividad y declaraciones tienen amplio eco en los medios de comunicación y en las redes sociales. 

Con frecuencia se entremezclan con otras tendencias de diversa naturaleza y en distintas dosis, como las teorias conspiranoicas contra los avances tecnológicos (ahora, las redes 5G), la libertad individual por encima de todo, posiciones ideológicas y religiosas extremas, activismo contra grandes compañías que persiguen el "control social", el neorruralismo y la "vida natural”, las medicinas alternativas, etc.

Recientemente, en plena pandemia por el nuevo coronavirus, se ha podido asistir a varias intervenciones de personajes con influencia social dirigidas tanto contra las vacunas en desarrollo frente a la COVID-19 como a las demás vacunaciones ya en uso. Han sido músicos como Miguel Bosé, Bunbury y Kase.O, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y el presidente de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza. Este último caso es especialmente grave, pues al autor se le supone cierta autoridad académica e intelectual que amplifica sus efectos. El cardenal Cañizares ha argumentado que los católicos no pueden aceptar las vacunas en cuya fabricación se usan “células de fetos abortados”, ya que ello es "inhumano y cruel".

No deben infravalorarse los efectos de estos fenómenos ocasionales y aparentemente aislados. Las posiciones antivacunas han demostrado una gran capacidad de difusión e interacción con amplias capas de la sociedad, mucho más allá de los propios activistas. Estos con frecuencia son irreductibles, pero sus mensajes llegan a miles de personas con dudas y preocupaciones legítimas sobre la seguridad y necesidad de las vacunas que pueden acabar aceptando omitir o demorar vacunaciones en sí mismos y en sus hijos. Por ello es necesario tratar de contrarrestar los mensajes y la información falsa que difunden, precísamente con información veraz, que es el propósito de este texto.

¿Se usan “células de fetos abortados” para fabricar vacunas?

La respuesta corta es que NO, rotundamente. Para la fabricación de algunas vacunas virales sí se usan cultivos de células de origen humano, fibroblastos, obtenidos en el laboratorio, llamadas WI-38 y MRC-5, y cuyo origen remoto fueron tejidos pulmonares de dos únicos fetos producto de abortos (uno en 1962 en Suecia y el otro en 1966 en el Reino Unido) efectuados de acuerdo con la legislación vigente entonces. Después algunas células se han reproducido mediante métodos naturales (división celular, mitosis) en el laboratorio, hasta la fecha. Por lo tanto, lo usado para la fabricación de vacunas son nuevas células creadas en laboratorio, y no "células de fetos abortados".

Otras líneas celulares de origen humano se han desarrollado posteriormente y cuyo uso se limita, hasta ahora, a vacunas en desarrollo, en particular a algunas candidatas a la prevención de la infección por los coronavirus. Son las líneas celulares denominadas HEK-293 y PER.C6, entre otras.

¿Qué vacunas utilizan cultivos celulares de origen humano en su proceso de fabricación?

Usan los cultivos celulares WI-38 y MRC-5, varias vacunas virales, como las de la rubeola, varicela, herpes zóster, rabia y hepatitis A. También alguna vacuna frente a adenovirus de uso limitado en grupos especiales como el ejército estadounidense. 

Las vacunas disponibles actualmente en España en cuyo proceso de producción se han utilizado líneas celulares (WI-38 y MRC-5) (datos comprobados en las fichas técnicas de todas las vacunas disponibles, a fecha del 15 de junio de 2020) son:

  • WI-38: componente de rubeola de M-M-RVAXPro y de ProQuad.
  • MRC-5: componente de rubeola de Priorix, componente de varicela de ProQuad, Varilrix, Varivax, Zostavax, Antirrábica Merieux, Havrix 720/1440, Vaqta 25/50 y el componente de hepatitis A de Twinrix ped./adultos.

Es destacable también que en la fabricación de varios fármacos destinados al tratamiento de la hemofilia, fibrosis quística y artritis reumatoide, entre otras, se utilizan también estos cultivos celulares. 

Otras vacunas utilizan células Vero de riñon de mono (rotavirus, polio y encefalitis japonesa), células embrionarias de pollo (Rabipur, gripe y fiebre amarilla) y células de levadura recombinantes (hepatitis B).

¿Cuál es la posición de la Iglesia Católica respecto al uso de estas vacunas?

Las dudas que surgieron en la comunidad católica respecto al uso de estos cultivos celulares ya fueron resueltas por las autoridades de la Iglesia Católica (Pontificia Academia pro Vita) en junio de 2005 y reafirmada en marzo de 2017), concluyendo que su uso es aceptable para los católicos en la medida de que son intervenciones que persiguen el bien de las personas vacunadas y mientras no se disponga de alternativas (que no las hay, pues no se ha logrado desarrollar las vacunas implicadas sin los cultivos celulares mencionados).

Historia de las líneas celulares WI-38 y MRC-5

Actualmente se usan dos tipos de líneas celulares (fibroblastos) de origen humano en la producción de vacunas virales: WI-38 (Wistar Institute, línea celular n.º 38) y MRC-5 (Medical Research Council, línea celular n.º 5), la primera desde 1962 y la segunda desde 1966. 

WI-38 

La historia de las células WI-38 es larga y prueba de lo complejo e intrincado del desarrollo científico y sus vertientes académica, industrial, ética y legal (Nature. 2013;498:422-6). En 1962, una mujer sana abortó en Suecia, voluntariamente y según la legislación vigente entonces. En el Instituto Karolinska (Estocolmo) se extrajeron muestras del tejido pulmonar del feto y se enviaron a Leonard Hayflick en el Wistar Institute (WI) en Filadelfia (Pensilvania, EE. UU.). 

Leonard Hayflick era un talentoso microbiólogo de 34 años de edad que se había iniciado en la investigación del “envejecimiento” celular. Este investigador aplicó sencillas técnicas a las células del tejido pulmonar recibidas desde Estocolmo y comprobó que estas se dividían una y otra vez, pudiendo modular el proceso mediante congelación con nitrógeno líquido. También comprobó que cada célula tenía un límite en el número de veces que se podía dividir (aproximadamente 50, llamado límite de Hayflick) y que creía que marcaba el inicio de la “senescencia celular”. De esta forma nació la línea celular llamada WI-38, que, con la capacidad de unas 50 divisiones sucesivas de cada elemento surgido de una mitosis, daba lugar a una fuente prácticamente inagotable de células de origen humano normales (o sanas, lo que representaba un avance importante, pues ya se disponían de líneas celulares obtenidas de tejidos humanos tumorales, como la denominada HeLa en 1951). 

Las células WI-38 resultaban ser un medio de investigación muy apropiado en numerosos campos (cáncer, envejecimiento, etc.), pero sobre todo en virología, por la facilidad para producir una infección viral controlada. Hayflick distribuyó gratuitamente un gran número de muestras aptas para ser cultivadas por todos los continentes. A día de hoy, cientos de millones de vacunas fabricadas a partir de estas células han sido administradas y milllones, también, las vidas salvadas con ello (AIMS Public Health. 2017;4(2):127-38).

Stanley Plotkin, también investigador del Wistar Institute por entonces, logró cultivar y obtener una variante atenuada del virus de la rubeola a partir de las células WI-38. Esta vacuna de la rubeola fue aprobada en Europa en 1970 y en EE. UU. en 1979. Al mismo Plotkin se le atribuye una frase muy ilustrativa: “a veces digo que con la vacuna de la rubeola [hecha en células WI-38] hemos evitado muchos más abortos que los propios religiosos católicos”. 

Con las células WI-38 triunfando en los laboratorios y fabricantes de todo el mundo, vinieron las desavenencias de Hayflick con el WI y con el National Institutes of Health (NIH) del gobierno estadounidense que había financiado parte de las investigaciones. Hayflick se sentía infravalorado y menospreciado, abandonó el WI y se trasladó a la Universidad de Stanford (California, EE. UU.) en 1968. Aquí, siguió distribuyendo muestras de WI-38, pero cobrando por ello, aunque el dinero conseguido lo ingresó en una cuenta cuyos fondos no tocó en espera de la resolución de los pleitos. En su nuevo destino estos siguieron, y en 1975 fue acusado por el NIH de gestión y enriquecimiento ilícitos, lo que dio al traste con la carrera académica de Hayflick en Stanford. En estos años, algunos investigadores y fabricantes que usaban las células WI-38, temiendo no poder asegurar la continuidad de su abastecimiento, pasaron a usar la alternativa, las células MRC-5.

En 1981, la fiscalía que actuaba por cuenta del NIH aceptó algunas de las argumentaciones de Hayflick y ofreció un acuerdo, que este aceptó, zanjando los pleitos en marcha. Hayflick recuperaba parte de las muestras originales del WI y el dinero recaudado, mientras que el NIH pasaba a gestionar la mayoría del remanente de las muestras de WI-38. De esta forma, aseguró Hayflick, el científico, la institución donde trabajaba y el financiador obtenian el reconocimiento justo. Quedaba una brecha, el reconocimiento y compensación de la donante de las células fetales originales en 1962 (o de sus descendientes), cuestión con complejas derivadas éticas y legales aun no resueltas. No consta el consentimiento expreso de la mujer donante, aunque este no era exigido por la legislación sueca y norteamericana ni por los estándares de la investigación biomédica de entonces (el acuerdo de Helsinki sobre buenas prácticas en investigación biomédica en humanos se firmó en 1964).

Con el fin de los pleitos, Hayflick volvió a la investigación, dedicandose preferentemente al campo del envejecimiento celular, en Oakland (California). Finalmente, en 2007, con 79 años, abandonó la actividad profesional. Actualmente, Hayflick tiene 92 años.

MRC-5 

En 1966, J. P. Jacobs desarrolló una línea celular a partir de tejido pulmonar de un feto de 14 semanas, con características similares a las de WI-38, en el National Institute for Biological Standards and Control, en Londres. Finalmente recibió la aprobación del Medical Research Council y demás entidades involucradas, siendo desde entonces usadas ampliamente en la producción de vacunas virales (J Biol Stand. 1976;4:97-9).

¿Por qué surge de nuevo este debate en plena pandemia por el SARS-CoV-2?

El debate surge de nuevo por las protestas expresadas por líderes religiosos y grupos antiabortistas de EE. UU. y Canadá porque varios productos cantidatos a vacuna frente al SARS-CoV-2 están utilizando líneas celulares de origen humano, en concreto las denominadas HEK-293 y PER.C6 (Science, 5 de junio de 2020):

  • HEK-293 es una línea celular derivada de células de riñon embrionarias desarrollada en 1973.
  • PER.C6 es una línea celular derivada de células de retina embrionarias desarrollada en 1985.
  • En ambos casos se trataba de embriones humanos obtenidos atendiendo los requisitos legales y éticos aplicables a cada caso, y desarrolladas en Holanda.

Algunas vacunas del SARS-CoV-2 en investigación usan cultivos de células humanas

Al menos 6 de los productos candidatos a vacunas del SARS-CoV-2 utilizan cultivos celulares de origen humano (ver imagen adjunta) (Science. 2020;368(6496):1170-1):

  • Cinco de ellos (entre los que están el candidato chino de CanSino, el de la Universidad de Oxford y el estadounidense de Janssen) usan los cultivos celulares para producir adenovirus con limitada capacidad de replicación en grandes cantidades.
  • En el otro, el de la Universidad de Pittsburgh, las células HEK-293 se utilizan para producir proteína S (spike) del SARS-CoV-2.

Debate público en torno al uso de estos cultivos celulares

Independientemente de que la legitimidad de las objeciones morales al uso de tejidos embrionarios en la investigación y práctica biomédica justificarían la investigación de alternativas viables que salvaran este obstáculo, es necesario reconocer que las ventajas biológicas que ofrecen los cultivos celulares derivados de células humanas pluripotenciales son a día de hoy imposibles por medios alternativos y que los beneficios en salud son extraordinarios (incluida la capacidad de evitar prácticamente la totalidad de los abortos causados por el virus de la rubeola).

Los contrarios al uso de las células embrionarias (en realidad, en este caso, células derivadas de células embrionarias décadas después de su obtención) argumentan que no es ético obligar a los ciudadanos a enfrentarse al dilema de usar estos productos o quedar desprotegidos, y han solicitado a los gobiernos de EE. UU. y Canadá que no financien la investigación de estas vacunas frente al SARS-CoV-2. La Administración Trump impuso severas restricciones a la investigación con tejidos fetales (Science, 5 de junio de 2019), pese a lo cual la investigación de las vacunas del SARS-CoV-2 están recibiendo una cuantiosa financiación pública. Pero como dice Arthur Caplan, bioeticista de la Universidad de Nueva York: “si va a pedir que el gobierno no debería financiar cosas a las que una minoría de personas se opone, habría una lista muy larga de cosas que no serían financiadas por el gobierno" (Science. 2020;368(6496):1170-1). 

O, como dice Manuel Collado, investigador gallego, la afirmación del cardenal Cañizares desvirtúa la realidad y no es más que una "tergiversación diabólica de la verdad", porque para la fabricación de vacunas no se usan "células de fetos abortados". Por otro lado, y finalmente, las afirmaciones de Miguel Bosé son sencillamente ridículas, chocan con la más elemental muestra de racionalidad, y solo despiertan vergüenza ajena.

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