Aluminio en vacunas y en la dieta: evidencia actual y claves para la práctica pediátrica

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El aluminio en nuestro entorno: una exposición constante
El aluminio es el metal más abundante en la corteza terrestre y forma parte habitual de nuestro entorno. Está presente en el agua potable, en alimentos procesados y no procesados, en utensilios de cocina, cosméticos, antiácidos y otros productos de uso cotidiano. La exposición humana ocurre principalmente por vía digestiva, aunque también puede producirse por inhalación o por vía dérmica.
Desde el punto de vista biológico, el aluminio soluble que alcanza el torrente sanguíneo se une mayoritariamente a la transferrina y se elimina en gran proporción por vía renal: aproximadamente entre el 50 % y el 70 % se excreta en las primeras 24 horas. Solo pequeñas cantidades (en torno al 2 %) pueden permanecer durante periodos prolongados. En adultos sanos, el contenido corporal total de aluminio oscila entre 30 y 50 mg, principalmente en hueso y pulmón, con concentraciones séricas normales de 1 a 3 μg/L.
Toxicidad por aluminio: qué sabemos
Los efectos adversos del aluminio se han descrito fundamentalmente en contextos muy específicos, como en pacientes con enfermedad renal crónica sometidos a diálisis en décadas pasadas, cuando los sistemas de purificación del agua no eran adecuados. En estos casos se observaron osteomalacia y el denominado síndrome de encefalopatía por diálisis, caracterizado por alteraciones del lenguaje, trastornos motores, deterioro cognitivo y cambios conductuales. Las concentraciones cerebrales de aluminio en estos pacientes eran marcadamente superiores a las de individuos sin dicha patología.
Es importante destacar que estas situaciones reflejan exposiciones crónicas y elevadas, muy distintas de las que se producen en la población general o tras la administración de vacunas. Además, la mejora en los sistemas de purificación y el control de la exposición en pacientes renales redujeron significativamente estos cuadros, lo que respalda la capacidad del organismo sano para procesar eficazmente el aluminio.
En relación con enfermedades neurológicas frecuentes, como el autismo o la enfermedad de Alzheimer, los autores señalan que los patrones clínicos y fisiopatológicos no se corresponden con los observados en la encefalopatía por aluminio, y que la evidencia disponible no apoya una relación causal.
El papel del aluminio en las vacunas
El uso del aluminio como adyuvante se remonta a 1926, cuando se demostró su capacidad para potenciar la respuesta inmunitaria. Posteriormente, su eficacia quedó corroborada en vacunas como las del tétanos y la difteria. Los adyuvantes de aluminio mejoran la magnitud y duración de la respuesta de anticuerpos en vacunas inactivadas o de subunidades, permitiendo en muchos casos reducir la cantidad de antígeno o el número de dosis necesarias.
En Estados Unidos, la cantidad máxima de aluminio permitida por dosis vacunal es de 0,85 mg. Las vacunas rutinarias que pueden contener aluminio incluyen hepatitis B, DTPa/Tdap, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo, hepatitis A, virus del papiloma humano y meningococo B, entre otras.
Un aspecto relevante es que el aluminio administrado por vía intramuscular no pasa de forma inmediata y completa al torrente sanguíneo. Permanece inicialmente en el sitio de inyección, formando un “depósito” que libera el antígeno de manera progresiva, lo que contribuye tanto a la eficacia como a la seguridad del preparado. Los efectos adversos más frecuentes son locales (dolor, enrojecimiento, tumefacción), siendo infrecuentes las reacciones sistémicas.
Exposición acumulada: vacunas frente a dieta
Uno de los puntos más sólidos del artículo es la comparación cuantitativa entre la exposición al aluminio por vacunas y por dieta.
Según los calendarios vacunales de 2025, la exposición máxima potencial en los primeros dos años de vida sería de aproximadamente 4,4 mg si se administraran todas las vacunas por separado. A lo largo de toda la infancia y adolescencia (hasta los 18 años), la exposición acumulada por vacunas sería inferior a 8 mg, y durante toda la vida (hasta los 100 años), alrededor de 12 mg en total.
En contraste, la exposición dietética es constante y muy superior en términos absolutos. Se estima que un adulto ingiere entre 7 y 9 mg de aluminio al día. En lactantes, el contenido varía según la alimentación: la leche materna contiene cantidades bajas, mientras que las fórmulas —especialmente las de soja— pueden aportar más. No obstante, solo una pequeña fracción del aluminio ingerido se absorbe (aproximadamente entre 0,2 % y 1 %, dependiendo de la forma química).
Aun considerando estas tasas de absorción, la cantidad de aluminio absorbido a través de la dieta en los primeros dos años de vida (entre 3 y 18 mg) es comparable o superior a la exposición máxima por vacunas en ese mismo periodo. A lo largo de la vida, la cantidad absorbida por la dieta puede situarse entre 468 mg y más de 2.700 mg, muy por encima de los aproximadamente 12 mg derivados de todas las vacunas recomendadas.
El uso de vacunas combinadas, además, reduce tanto el número de inyecciones como la cantidad total de aluminio administrado, lo que refuerza aún más el margen de seguridad.
Conclusiones
El análisis presentado por Moser y Offit en JAMA aporta una revisión rigurosa y cuantitativa que contextualiza adecuadamente la exposición al aluminio procedente de las vacunas. La evidencia acumulada durante décadas indica que:
- El organismo humano procesa y elimina eficazmente el aluminio en condiciones normales.
- Los efectos tóxicos descritos se asocian a exposiciones crónicas elevadas y a situaciones clínicas específicas, como la insuficiencia renal avanzada.
- La exposición acumulada al aluminio por vacunas es muy inferior a la procedente de la dieta a lo largo de la vida.
- No existe evidencia sólida que vincule el aluminio vacunal con enfermedades crónicas neurológicas o autoinmunes.
Para la práctica pediátrica y la comunicación con las familias, estos datos resultan especialmente útiles. Comparar cifras reales y explicar las diferencias entre exposición, absorción y toxicidad permite ofrecer información clara y basada en evidencia.
En un contexto en el que la confianza en las vacunas es clave para mantener altas coberturas, disponer de argumentos cuantitativos y bien contextualizados es fundamental.
En definitiva, los datos actuales respaldan que el aluminio contenido en las vacunas del calendario sistemático no supone un riesgo para la salud infantil ni adulta, y que su uso continúa siendo una herramienta segura y eficaz para optimizar la protección frente a enfermedades prevenibles por vacunación.
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Para más información
- CAV-AEP. Área de familias. Mitos y falsas ideas. Julio 2025.
- Ministerio de Sanidad. Mitos y falsas creencias sobre las vacunas.
- Moser CA, Offit PA. Aluminum Exposure From Vaccines and Diet. JAMA. Published online February 09, 2026. doi:10.1001/jama.2026.0056.
- Noticias CAV-AEP. Manual en línea: una mirada renovada a la inmunología y los adyvantes en vacunas. 26 de enero de2026.
- OPS/OMS. Refutando mitos sobre la inmunización.
- UNICEF, abril de 2023. 5 mitos sobre las vacunas. Vacunar es una de las medidas más efectivas para reducir la mortalidad infantil.







