Vista creada el 19/06/2019 a las 17:40 h

Sarampión en España, 2006-2017

14 marzo 2018
Fuente: 
Instituto de Salud Carlos III y European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC).
En 2017 el sarampión en España ha experimentado un aumento notorio, aunque aún lejos de las cifras de 2011 y 2012.

En el mes de febrero pasado, la OMS y el ECDC han publicado sendos informes sobre la situación del sarampión en la región europea. El informe de la OMS [1] (referido a 53 países de su región europea) y el documento del ECDC [2] (con datos de 33 países de su ámbito) coinciden en mostrar un notable incremento de casos en 2017 respecto a los del año previo, 2016; los casos en 2017 se han multiplicado por 3-4 (incremento del 300-400 %).

Sarampión en España, 2006-2017

En España se ha constatado la misma tendencia: los 35 casos de 2016 se han elevado hasta 160 en 2017, ningún fallecimiento registrado en 2016 y uno en 2017, según las datos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII, datos hasta 2016 [3]) y del European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC, datos de 2017 [4]).

Si bien es cierto que las cifras están muy lejos de las de 2011 y 2012, los datos de 2017 deben hacer reflexionar y actuar. Recientemente se han notificado varios casos en Barcelona [5] a partir de una persona que viajó a Reino Unido.

No hay que bajar la guardia con el sarampión

Los datos trágicos de Rumanía e Italia (con un balance en 2017 [2]de 19 y 4 fallecidos, respectivamente), y los también preocupantes de Grecia, Alemania, Francia e Italia deben ponernos en guardia, a autoridades sanitarias, profesionales y ciudadanos en general. Para mantener las coberturas vacunales, excelentes en España a día de hoy [6], es necesaria la acción sostenida en el tiempo de todos, con los objetivos [1] de:

  • Reforzar la información y el interés de los profesionales y la población por el sarampión.
  • Garantizar la inmunización de los profesionales sanitarios y otros adultos en riesgo.
  • Garantizar el acceso a la vacunación, evitando brechas e identificando bolsas de población con dificultades de acceso a los programas de vacunación.

O diciéndolo de una forma más llana, no hay que perder el miedo al sarampión [7].

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