Go to: Contenido » | Main menu » | Information menu »


Cambio climático y vacunas

16 octubre 2019
Fuente: 
Elaboración propia a partir de varias fuentes

El tema del cambio climático encierra gran complejidad, numerosas incógnitas e incertidumbres, al tiempo que necesidad e interés en su conocimiento. El abordaje desde el punto de vista científico es solo uno de tantos posibles puntos de partida y enfoques de tan compleja cuestión. Pero es una tarea tan necesaria, por el posible extraordinario impacto sobre el planeta y las personas, como difícil, pues precisa del análisis de grandes cantidades de datos históricos provenientes de múltiples emplazamientos geográficos y del desarrollo de métodos y modelos de predicción que contemplen numerosas variables cambiantes. 

Aunque estamos lejos de entender la verdadera naturaleza, las causas, los impactos y las probabilidades asociadas, relacionadas con el cambio climático, sí parece haber cierto consenso en medios científicos respecto a la presencia de señales de alerta medioambientales y a la evidencia de la urgente necesidad de establecer acuerdos políticos básicos que permitan proseguir con la investigación, preservar su independencia y transparencia y tomar decisiones para la transformación de aquellas actitudes personales, fenómenos sociales y procesos industriales, por pequeños que sean, sobre los que sí existen suficientes pruebas de su contribución al deterioro medioambiental. Tarea inmensa pero necesaria, que, además, tendrá que sortear los intentos de instrumentalización ideológica y política de uno y otro lado.

Aquí, ahora, solo una reflexión sin pretensiones sobre algunos aspectos comunes al cambio climático y las vacunas, al hilo de lo publicado por M. Sauer del International Vaccine Access Center (IVAC, Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, Johns Hopkins University, Baltimore, Estados Unidos): 3 Things We Know About Vaccines in a Climate Change Future.

Amenazas globales para la salud

Recién comenzado este año 2019, la OMS incluyó al cambio climático como la primera entre las 10 amenazas globales para la salud, junto con otras como, ya en el terreno de las vacunas, la reticencia vacunal y la necesidad de vacunas efectivas y seguras. Con ello, la OMS destacaba al cambio climático como la principal de las prioridades que necesitan un esfuerzo global urgente.  

¿Qué es el cambio climático?

Para empezar unas definiciones y precisiones terminológicas:

  • Cambio climático es una variación global del sistema climático de la Tierra (atmósfera, hidrosfera, etc.). Es debido a causas naturales y también a la acción del hombre y se producen a muy diversas escalas de tiempo y sobre todos los parámetros climáticos: temperaturas, precipitaciones, vientos, etc. 
  • El término efecto invernadero se refiere a la retención del calor del Sol en la atmósfera de la Tierra por efecto de una capa de gases en la propia atmósfera (sin ellos, el planeta sería demasiado frío); entre estos gases se encuentran el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano, que son liberados por distintas fuentes, como la industria, la agricultura y la combustión de los combustibles fósiles. 
  • El término calentamiento global hace referencia al resultado del aumento de los gases mencionados que causan un incremento del efecto invernadero. Con frecuencia se usan como sinónimos los términos “cambio climático” y “calentamiento global”, lo cual es incorrecto ya que este ultimo es solo una parte de un todo muy complejo, el cambio climático, aunque sí uno de sus efectos más objetivable.

Cambio climático y salud

El calentamiento global, la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos y la contaminación del aire tienen múltiples efectos sobre la salud. Se sabe que el aumento de la contaminación del aire empeorará algunas enfermedades respiratorias infantiles (UNICEF, 2016), y que el aumento de las temperaturas elevarán las muertes relacionadas con el calor. Por otro lado, los fenómenos meteorológicos extremos inevitablemente causarán daños en las infraestructuras, entre ellas las que afectan a la producción y distribución de alimentos, y al saneamiento de las aguas.

En lo que se refiere a las enfermedades infecciosas, sobre todo las que son evitables mediante vacunas, el impacto del cambio climático ha sido menos estudiado, pero pueden hacerse algunas predicciones con cierto grado de verosimilitud:

  • Es probable que aumenten las enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue, la fiebre amarilla y la malaria. Hechos como el cambio en los patrones de lluvia y el aumento de las temperaturas en muchas partes del mundo, parecen tener influencia en la incidencia de las enfermedades transmitidas por mosquitos. La OMS estimó en 2014 que en 2030 podrían ocurrir unas 60·000 muertes adicionales por malaria debido a estos efectos. También es verosímil anticipar un incremento de la transmisión de enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla y la encefalitis japonesa al ampliarse el hábitat natural del vector y los patrones cambiantes del uso de la tierra. En todo caso es patente la complejidad de las interacciones entre el clima, los factores socioeconómicos y las enfermedades transmitidas por vectores, lo que, finalmente, condiciona disparidad en los resultados y análisis de la contribución del cambio climático en los cambios de la incidencia de las infecciones trasmitidas por vectores (Lancet Infect Dis. 2019;19(9):e302-e312).
  • Es probable que aumenten las infecciones gastrointestinales y que cambien sus patrones estacionales. Los fenómenos climáticos extremos tienen consecuencias como el deterioro o desaprición de las infraestructuras de conducción y tratamiento del agua, y el desplazamiento y hacinamiento de miles o millones de personas, que, sin duda, incrementarán los riesgos de infecciones gastrointestinales. La OMS ha estimado un incremento de un 10 % de las muertes infantiles por diarrea, una de las principales causas de mortalidad infantil aún hoy. Todo ello condicionará un incremento en la incidencia y la extensión a nuevos territorios de infecciones como el cólera y la fiebre tifoidea

Por lo tanto, los programas de vacunación serán un elemento crítico para evitar o paliar el aumento de las enfermedades infecciosas, provocado por el cambio climático. El desplazamiento de personas por los factores citados y por el aumento del nivel del mar afectará a millones de personas en amplias zonas del planeta (unos 143 millones de personas hacia 2050, según una proyección). En estas condiciones, los programas de vacunación amplios y sostenidos serán elementos críticos para salvaguardar la salud y las vidas de millones de personas en condiciones de gran vulnerabilidad.

Pero hay otros campos en los que el mayor grado de incertidumbre y desconocimiento hace imperiosa la necesidad de emprender nuevas investigaciones:

  • ¿Cuál es el vínculo entre la contaminación del aire y las causas de neumonía prevenibles por vacunación? La relación entre la contaminación del aire y las causas de mortalidad (y sobre todo las debidas a causas no infecciosas) es conocida desde hace tiempo, aunque sus mecanismos de acción no estén nada claros. Las neumonías son una de las principales causas de muerte infantil en grandes áreas del mundo, y de sobra es conocida la mayor vulnerabilidad que implica el estatus socioeconómico bajo y la falta de acceso a la atención sanitaria. En estas circunstancias, la contaminación del aire constituiría un factor adicional a considerar, pero falta desentrañar los vínculos de esta con los patógenos que causan neumonía y que se pueden prevenir con vacunas (neumococo, Hib, tosferina, gripe, etc.).
  • ¿Cómo influye el cambio climático en la susceptibilidad de las personas a las infecciones? Otro elemento aún bajo la oscuridad, es el efecto del cambio climático (y sus complejas variables asociadas) en la respuesta inmune de las personas a las infecciones, y las vacunas desarrolladas para algunas de ellas. Hay algunos datos limitados que indicarían una posible interferencia entre la radiación ultravioleta (y sus cambios inducidos por el cambio climático) y la capacidad de respuesta inmune de las personas a las vacunas, en el sentido de que la reducción de la capa de ozono y la consecuente mayor radiación UV podrían facilitar una respuesta inmune menos eficaz.

Las vacunas contribuirán a mitigar los efectos del cambio climático

Los programas de vacunación básicos en todo el mundo, y sobre todo en las poblaciones más vulnerables, son un elemento crítico para la resistencia de la población ante los efectos de la adversidad climática.

También, y de forma adicional, la preparación de las respuestas a brotes y situaciones extremas, y las previsiones de reservas estratégicas de vacunas. En tales circunstancias, las previsiones más conservadoras señalan la necesidad de desarrollar vacunas termoestables y dispositivos de administración sencillos y asequibles, e incluso dispuestos para la autoadministración. Es obvia la necesidad de grandes inversiones en investigación para alcanzar estos objetivos.

El cambio climático y las vacunas frente al negacionismo

Un fenómeno común al cambio climático y a las vacunas es el del negacionismo. No conviene simplificar, pero sí usar lo aprendido en dos siglos con los movimientos antivacunas, aún muy vivos y activos, para evitar la extensión de las actitudes irracionales que tan vehementemente se oponen a las evidencias del cambio climático. En ambos casos, las oportunidades de avance real se sitúan en los ámbitos de la investigación rigurosa y transparente, la comunicación para afrontar la desinformación y una salud pública con fortaleza y medios, y mayor independencia de los niveles de decisión política de las administraciones sanitarias. Puede que en el fondo, la clave sea la confianza en la ciencia y en los científicos.

-oOo-

Más información: