Vista creada el 09/04/2020 a las 18:01 h

¿Qué ha pasado con el sarampión en Samoa?

16 enero 2020
Fuente: 
Elaboración propia a partir de varias fuentes
Entre octubre y diciembre de 2019 un brote de sarampión se ha saldado con 83 víctimas mortales, la mayoría de ellas niños de corta edad

[1]

[2]Samoa es un país independiente desde 1962, uno de los cuatro que componen la Polinesia y uno de los 14 que conforman Oceanía, en la región del Pacífico sur. Está compuesto de dos islas principales y otras de pequeño tamaño, con una superficie conjunta similar a la de la provincia de Álava y casi 200·000 habitantes (densidad media) (datos de Wikipedia [3]). En la clasificación de países según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU [4], se encuentra situado entre los últimos del grupo de los de “alto nivel de desarrollo”, en el puesto 111 de un total de 189 países examinados. Samoa está encuadrada en la región del Pacífico Occidental [5] de la OMS.

Desde 2017 se han notificado brotes de sarampión en numerosos países del sureste asiático y área del Pacífico. El caso de Filipinas [6] ha sido trágico con miles de víctimas. En octubre de 2019 se declaró un brote en las islas de Samoa, que se ha desarrollado de una forma extraordinaria y saldado con un gran número de víctimas, que justifica una reflexión y análisis. Se aportan aquí algunos datos que sirvan para este objetivo.

Brote de sarampión en Samoa

Relato breve de los hechos recientes

Según el plan diseñado por el gobierno del país [7] y publicado el 6 de diciembre de 2019:

  • Las autoridades de Samoa detectan la acumulación de casos de sarampión y declaran la aparición de una epidemia el 16 de octubre de 2019.
  • [8]El 15 de noviembre declaran el “estado de emergencia” debido al recrudecimiento del brote (unos 200 nuevos casos cada día), que incluye medidas como: 1) la vacunación obligatoria para determinados grupos de población; 2) la limitación de viajes entre las dos islas principales a los menores de 19 años de edad; 3) el cierre de todos los colegios y centros educativos; y 4) la prohibición de reuniones o eventos públicos, la recomendación de no acudir a los centros sanitarios salvo necesidad urgente y la restricción del acceso de las gestantes no inmunes a centros de trabajo.
  • Los niveles de cobertura vacunal, a primeros de diciembre de 2019 y después de intensos esfuerzos de vacunación desde el comienzo del brote, eran: niños de 6 meses a 4 años 76 %; niños y adolescentes de 5-19 años 88 %; mujeres de 20 a 35 años 85·%; y en la población restante, 56 %.
  • En diciembre se diseña un plan con el objetivo de llevar la vacunación a más de 95·000 niños y adolescentes y a más de 21·000 mujeres de 20-35 años de edad, pendientes de vacunar.
  • [9]Una de las actividades llevadas a cabo los días 5 y 6 de diciembre consistió en el cierre de todos los servicios públicos (salvo servicios esenciales y emergencias) y centros de trabajo privados (con pocas excepciones), con la orden a todos los ciudadanos de que permanecieran en sus domicilios para recibir a alguno de los 128 equipos de vacunación que recorrerían en esos dos días todas las localidades del país, casa a casa, vacunando a los individuos vulnerables.
  • A partir de mediados de diciembre, una vez alcanzada una tasa vacunación del 95 %, se constató una reducción rápida de la incidencia, lo que permitió desactivar el “estado de emergencia” el 28 de diciembre de 2019, seis semanas después de su instauración. A la vez, las autoridades se mantuvieron firmes, llegando a arrestar a algún líder antivacunas [10] que promovía desoir las recomendaciones de vacunación.
  • El genotipo D8 fue el causante del brote, el mismo que en los meses anteriores había producido brotes en diversas ciudades de la vecina Nueva Zelanda [11], principalmente Auckland, donde se cruzan las principales vías de comunicación de la región.
  • [12]El último balance publicado, fechado el 7 de enero de 2020 [13] hace balance: 5697 casos y 83 fallecidos (letalidad 1,5 %), la gran mayoría de ellos niños de corta edad (cifras extraordinarias, en una población de menos de 200·000 habitantes). El Gobierno de Samoa [14] ha mantenido una eficaz comunicación con información fluida sobre la evolución del brote a través de las redes sociales, en Twitter [15] y Facebook [16].
  • Tanto la OMS, como equipos sanitarios de Nueva Zelanda, Australia, Reino Unido y otros han colaborado en el terreno hasta la resolución del brote.

Algunos antecedentes

[17]La reemergencia del sarampión parecía estar cantada, pues al comienzo del brote, en el mes de octubre de 2019, la cobertura vacunal apenas sobrepasaba el 31 %, en la población infantil. Algunos hechos acaecidos en los meses anteriores [18] habían contribuido a ello:

  • En julio de 2018, dos lactantes murieron al poco de recibir la vacuna triple vírica [19]. La reacción inicial de las autoridades fue la suspensión de la vacunación. Finalmente se determinó que la causa había sido un fatal error de una enfermera que confundió el diluyente de la vacuna con una solución de un anestésico relajante muscular caducado (dos enfermeras han sido condenadas en agosto de 2019 por este incidente). Sin embargo, la lenta y torpe gestión y labor de comunicación de las autoridades no evitó que los intereses antivacunas prendieran la mecha de la desconfianza en la población, produciendo una caida importante de todas las vacunaciones.
  • Anteriormente, en 2017 y abril de 2018, dos hermanos fallecieron un tiempo después de recibir la misma vacuna. Se diagnósticó una rara entidad de origen genético en el segundo hermano y se sospecha que el primero también la padecía, y las autoridades creen que probablemente fueran la causa del fallecimiento de ambos.

[20] [21]

Lecciones pendientes de aprender de lo ocurrido

La gestión de los incidentes de seguridad y las crisis de salud pública [22] debe ser rápida, potente y transparente, veraz y creible, utilizando todos los recursos al alcance e involucrando a los medios de comunicación y las redes sociales. Es crucial ir por delante de los hechos, hacerse presente en todos los ámbitos, evitar dar la sensación de esconder información y de moverse por intereses ocultos, y contrarrestar con decisión la desinformación.

No vacunar tiene consecuencias. Es crucial la monitorización de las coberturas vacunales, evitar la complacencia y evaluar las señales de alarma, y planear y llevar a cabo las intervenciones necesarias antes de que se produzcan daños.

La extraordinaria contagiosidad del sarampión. La rapidez de la difusión de la infección y la elevada mortalidad de este brote han sido notables. Probablemente a la propia virulencia y contagiosidad del microorganismo se han añadido, en este caso, condicionamientos locales (factores ambientales, hábitos de interacción social, etc.). No trae a cuenta jugar con el sarampión.

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