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Crisis sanitarias: solo los medios de comunicación no resultan suficientes

28 noviembre 2018
Fuente: 
The Coversation

A continuación se presenta un extracto de un texto escrito por Yotam Ophir (Annenberg School for Communication, University of Pennsylvania, Philadelphia) y publicado por The Conversation el pasado mes de agosto, titulado How the media falls short in reporting epidemics”, y un breve comentario final. Es un extracto libre y, por tanto, afectado por la subjetividad, por lo que es muy recomendable leer también el texto original (versión en español). En realidad, el texto de The Conversation es un resumen comentado por el propio autor de su investigación principal publicada recientemente (Health Secur. 2018;16(3):147-57).

La comunicación en las crisis

Hace unas pocas décadas y llevados por el optimismo levantado a partir del éxito, aparentemente definitivo, de los antibióticos y las vacunas, se llegó a pensar que la victoria sobre las enfermedades infecciosas era posible y estaba cercana. Como se ha comprobado después, el optimismo era excesivo e infundado. Si bien es verdad que el éxito frente a la viruela y la previsible desaparición de la poliomielitis dan alas a la esperanza, también lo es que en los últimos años se ha asistido en repetidas ocasiones a la aparición de nuevos microorganismos y enfermedades (por ej. el VIH) y la reemergencia de otros (por ej. el sarampión). 

En este 2018 se han producido dos nuevos brotes de enfermedad por el virus del Ébola, uno aún en curso, enfermedad con la capacidad de ocasionar brotes de alcance potencialmente grave y con la habilidad comprobada de interesar y preocupar mucho a la población de todo el mundo.

Las epidemias, en realidad cualquier crisis de salud pública, pueden verse influidas de forma relevante por el comportamiento de la población. Pero, ¿de qué fuentes de información se  alimenta la población?, ¿cuáles son la preferidas por las personas de la calle? y ¿son fuentes fiables, capaces de orientar la actitud de la población en la dirección correcta atendiendo a los hechos reales? Estas preguntas son las que el texto comentado aquí trata de responder.

Hay numerosas entidades, unas globales como los CDC, la OMS y el ECDC, y otras de ámbitos más concretos, con una cantidad ingente de información contrastada. Pero según diversos estudios, la fuente de información preferida por la población a la hora de enterarse de lo relativo a las crisis de salud pública son los medios de comunicación generalistas y el entorno social cercano (familiares, amigos, etc.) a cada individuo (J Health Commun. 2013;18(5):527-42).

¿Qué cuentan los medios de comunicación?

El autor, Yotam Ophir, examina más de 5000 artículos periodísticos publicados por medios de comunicación de los EE. UU. (The New York Times, The Washington Post, USA Today y Wall Street Journal) en los últimos 10 años en relación con 3 grandes brotes epidémicos: la gripe H1N1 (2009-10), el ébola (2014-15) y el zika (2015-16), utilizando técnicas de análisis de grandes masas de datos. Refiere que logró identificar tres grandes categorías de información: la científica (enfocada a los riesgos de salud y los hechos desde el punto de vista médico), las historias sociales (que abarcan amplios campos desde el ámbito deportivo al político, pasando por otros variados), y una tercera etiquetada como “pandemia” enfocada a las formas de evitar la llegada de las amenazas. Las historias sociales hacían referencia, en su mayoría, a los terrenos de la economía, la política y el deporte.

También destaca el autor que los artículos periodísticos tendían mayoritariamente a enfocarse hacia aspectos concretos. Esto no es a priori negativo, si los usuarios completan su información con otras lecturas, pero incrementa la probabilidad de que estos reciban información incompleta y fragmentada. Por ej. la información de tipo práctico sobre qué medidas tomar para reducir el riesgo de infección de forma eficaz (lavado de manos y otras) estaba ausente casi siempre en las historias sociales y en las informaciones “pandémicas”.

Rumores y desinformación

El autor entiende que la difusión profusa de las historias sociales genera incertidumbre, percepción de falta de control y desconfianza en las instituciones y profesionales. Y que informar de una enfermedad terrible (o aparentemente terrible) sin proporcionar a la vez instrumentos de control social e individual (información sobre riesgos reales y medidas de protección factibles) da lugar a ansiedad infundada que deja a los individuos a los pies de los rumores y las informaciones tendenciosas y falsas. El resultado puede ser actitudes que pudieran influir negativamente en el devenir de la crisis.

Finalmente, el autor, expresa su deseo de que las entidades de salud pública, profesionales y sociedad en general supieran compensar estas brechas en el tratamiento que los medios de comunicación proporcionan en las crisis sanitarias.

Comentario final

Podría extraerse de lo expuesto la necesidad de crear plataformas de información capaces de responder con rapidez y rigor a las necesidades de información de la población, que: 1) además de los sanitarios, cuenten necesariamente con profesionales de la información, que sepan cómo llegar a todas las capas de la población; 2) necesitan de financiación suficiente y sostenida, es decir de decisiones políticas, y de la implicación profesional y social amplia, evitando la fragmentación; 3) que cubran las necesidades de información general y en ámbitos locales; y 4) que proporcionen recursos y formación a los profesionales de los medios de comunicación.

"Durante los brotes de enfermedades y otras emergencias de salud pública, las personas necesitan saber a qué riesgos se enfrentan y qué medidas pueden tomar para protegerse y proteger a sus seres queridos" (OMS, febrero 2018).

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