Vista creada el 25/11/2017 a las 06:58 h

Antitérmicos y vacunas: nada nuevo, mejor no usarlos

17 octubre 2017
Fuente: 
Evidencias en Pediatría.
Nuevas publicaciones sobre el uso profiláctico de paracetamol indican que sigue siendo mejor no usarlo, aunque algunas incertidumbres no han sido aún resueltas.

La revista electrónica Evidencias en Pediatría [1] ha revisado el tema del uso de los fármacos antitérmicos para prevenir y tratar la fiebre causada por las vacunas, en su número del mes de septiembre. La publicación citada incluye dos artículos valorados críticamente y un texto editorial.

►¿Los antitérmicos profilácticos disminuyen la respuesta inmunológica a las vacunas?

Aquí [2], B. de Juanes y cols. evalúan una publicación de J. Wysocki (Vaccine. 2017;35:1926-35 [3]).

Los hallazgos principales de la investigación original [3] son: a) el paracetamol reduce la fiebre posvacunal, no así el ibuprofeno; b) el paracetamol interfiere en la producción de anticuerpos frente a ciertos antígenos vacunales; c) esta interferencia es mayor cuando se administra a la vez que las vacunas y menos cuando se da unas horas después, y es mayor tras la primovacunación que después de las dosis de refuerzo; y d) que pese a lo hallado, los niveles de anticuerpos estuvieron por encima de los niveles considerados protectores. Concluyen destacando la necesidad de aclarar la importancia clínica de estos hallazgos y de su eventual impacto en la efectividad de los programas de vacunación.

B. de Juanes [2] encuentra que es un estudio llevado a cabo correctamente, que coincide con hallazgos de estudios previos [4] y que procede extraer la conclusión aplicable a la práctica clínica de desaconsejar el uso profiláctico de paracetamol con las vacunaciones.

►Por el momento se sigue desaconsejando la administración profiláctica de paracetamol en la vacunación infantil

Aquí [5], N. de Lucas García y cols. examinan una reciente publicación de A. Sil (Vaccine. 2017;35:2999-3006 [6]).

Este es un estudio [6] de cohortes, realizado a partir de una análisis post hoc de un ECA diseñado para comparar dos vacunas pentavalentes. Los autores encuentran que no hay diferencias en la respuesta serológica si se utiliza o no y en cualquier momento, el paracetamol. El estudio no evalúa el resultado diferenciando las pautas y dosis de paracetamol usadas, ni si se utilizaron otros fármacos adicionales. Una de las vacunas empleadas contenía el componente de célula completa de tosferina. También encuentra cierta reducción de los niveles de serorrespuesta, aunque considerada no relevante por los autores.

En el análisis crítico de N. de Lucas [5] se considera que las limitaciones del estudio son tales que afectan gravemente a la validez externa del estudio, por lo que recomiendan no cambiar la práctica de no aconsejar el uso de antitérmicos con las vacunas.

Conclusiones

Finalmente, el editorial de Evidencias en Pediatría [7], tras revisar someramente los datos publicados, concluye que:

  1. El paracetamol es eficaz para reducir la fiebre que acompaña a las vacunaciones.
  2. El paracetamol usado simultáneamente (en menor medida cuando se administra horas después y tras las dosis de refuerzo) interfiere con la producción de anticuerpos frente a algunos antígenos vacunales, aunque en general sin bajar de los niveles considerados protectores, según varios estudios.
  3. Hay estudios, los menos, que hallan resultados contradictorios u opuestos a lo anterior (caso del uso del paracetamol con la vacuna frente al meningococo B [8] 4CMenB).

La multiplicación de vacunas, las nuevas tecnologías de fabricación, las combinaciones de antígenos y vacunas, y el creciente uso de adyuvantes –que tienden a incrementar la reactogenicidad– complican la evaluación del balance beneficio/riesgo del antitérmico.

Dilucidar esta cuestión es de gran interés para la salud pública: ¿hasta dónde es necesario evitar o tratar una fiebre posvacunal que es, como sabemos, autolimitada y leve-moderada?; la tendencia encontrada en cuanto a la reducción de la respuesta de anticuerpos frente a algunos antígenos, ¿puede reducir la efectividad de los programas de vacunación?, ¿y qué pasa en poblaciones especialmente vulnerables como los enfermos crónicos, inmunocomprometidos, mujeres gestantes, etc., que generalmente son excluidos de los estudios?; ¿sería distinto -mayor- el impacto del uso de paracetamol en entornos con coberturas vacunales subóptimas?

¿Sabemos, pues, lo necesario para contestar a estas preguntas? No, aún hay interrogantes abiertos. La interferencia del paracetamol con la respuesta inmunológica tiene bases fisiológicas verosímiles [9]. En fin, los datos conocidos como poco llaman a la prudencia y en tal caso, parece necesario mantener la recomendación de no usar los fármacos antitérmicos para prevenir la fiebre posvacunal, y la de emplearlos con fines terapéuticos, de forma prudente y racional.

En resumen, nada nuevo en el horizonte, lo mejor sigue siendo desaconsejar el uso a priori de fármacos antitérmicos para prevenir la fiebre posvacunal.